
El Movimiento de Unificación y Lucha Triqui Independiente o mejor conocido como MULTI, es una organización indígena comunitaria del pueblo triqui que nació en abril de 2006 como una respuesta colectiva frente a la violencia estructural, el despojo territorial y los ataques sistemáticos contra las comunidades triquis. Su origen está vinculado a la defensa del territorio, la autonomía y la vida, así como a la construcción de paz, unidad y desarrollo digno de los pueblos triquis, ante los embates del Estado y la actuación de grupos armados caciquiles y paramilitares que históricamente han buscado controlar su territorio.
Los orígenes del MULTI, se enmarcan dentro de dos vertientes políticas: la autonomía del movimiento zapatista (EZLN) de Chiapas, que busca desterrar la injerencia de partidos políticos e intereses externos en su territorio y; del surgimiento de la Asamblea Popular de Pueblos de Oaxaca (APPO)en el 2006, por lo que, desde su origen ha impulsado una apuesta organizativa basada en la participación comunitaria, privilegiando el papel de autoridades tradicionales, ancianos, agentes comunitarios, mujeres, jóvenes, niñas y niños, y rechazando los liderazgos verticales.
Un ejemplo emblemático de esta apuesta fue el impulso del Municipio Autónomo de San Juan Copala (MASJC) en 2007, una experiencia de autogobierno comunitario orientada a ejercer el derecho a la libre determinación y a generar condiciones de paz desde el territorio. Sin embargo, este proyecto fue violentamente desmantelado por la acción de grupos armados caciquiles (MULT) y la omisión y complicidad del Estado, que se negó a garantizar las condiciones necesarias para su reconocimiento y desarrollo.
La trayectoria del MULTI ha estado marcada por una grave persecución política hacia dirigentes y sus bases. Desde abril de 2006 hasta la fecha se registran presos políticos indigenas, decenas de personas perseguidas, casi una centena de homicidios y personas sobrevivientes de ataques armados, relacionados con la violencia contra el movimiento. Esta situación ha derivado en una profunda crisis humanitaria, con cerca de 3,000 personas desplazadas de manera forzada, principalmente mujeres, niñas y niños, despojadas de sus hogares, su territorio y sus medios de vida.
A pesar de este contexto de violencia e impunidad, el MULTI continúa acompañando procesos de defensa del territorio, denuncia de violaciones graves a derechos humanos y exigencia de justicia. Frente a las deficiencias estructurales del Estado y la colusión con poderes caciquiles, el MULTI sostiene una visión de largo plazo orientada a la justicia racial, socioeconómica y ambiental, la reconstrucción del tejido comunitario y el ejercicio pleno de la libre determinación del pueblo triqui.
Historia y origen del MULTI
El origen del Movimiento de Unificación y Lucha Triqui Independiente (MULTI) está directamente ligado a la historia del Movimiento de Unificación y Lucha Triqui (MULT), fundado en 1981 como una expresión colectiva del pueblo triqui frente a siglos de despojo territorial, violencia caciquil y exclusión estructural. En sus inicios, el MULT aglutinó a amplios sectores de las comunidades triquis que compartían intereses, demandas y valores históricos comunes: la recuperación del territorio arrebatado por caciques, la defensa de la vida y de los derechos colectivos del pueblo triqui, la lucha por la paz, la autonomía y la expulsión de los poderes caciquiles que históricamente han controlado la región.
Sin embargo, un proyecto que nació con una visión legítima y genuina pronto comenzó a desviarse de su esencia original. Con el paso del tiempo, el MULT se transformó en una estructura de control político y económico, convirtiéndose en una mina de negocios para dirigentes con intereses oscuros, como es el caso de Heriberto Pazos, Manuel Ortiz y Juan Domingo Perez Castillo; quienes priorizaron beneficios particulares a costa del pueblo triqui. En lugar de combatir al caciquismo histórico, estos dirigentes reprodujeron las mismas lógicas de dominación: usaron la violencia para ostentarse y perpetuarse en el poder, persiguieron y asesinaron a dirigentes críticos y disidentes, y terminaron por convertirse en los nuevos caciques del pueblo triqui, aliándose con los caciques regionales de Juxtlahuaca, Putla y otras zonas, e integrándose a los esquemas tradicionales de control territorial y político.
Este proceso de degradación política se profundizó con la institucionalización del movimiento mediante la creación del Partido Unidad Popular (PUP) en 2003, así como con la participación de dirigentes del MULT en espacios de representación política, como el caso de Rufino Merino Zaragoza como diputado local. A ello se sumó la falta de transparencia y rendición de cuentas en el manejo de recursos públicos federales, particularmente los correspondientes a los ramos 28 y 33, lo que terminó de evidenciar la ruptura entre las dirigencias y las bases comunitarias.
Frente a esta traición al proyecto original, un amplio sector del pueblo triqui decidió romper con el MULT y reorganizarse de manera independiente para recuperar la visión, los principios y los objetivos históricos planteados desde 1981. La respuesta de la dirigencia del MULT fue una escalada de violencia: asesinatos de dirigentes disidentes, ataques armados contra comunidades críticas y una persecución sistemática destinada a sofocar cualquier intento de reorganización autónoma.
En este contexto de ruptura interna y violencia generalizada, y a la luz del surgimiento del movimiento magisterial-popular de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), en abril de 2006 nació el Movimiento de Unificación y Lucha Triqui Independiente (MULTI). El MULTI no sólo emergió de manera paralela a este proceso histórico de movilización social en Oaxaca, sino que participó activamente en el movimiento de la APPO, integrándose a sus espacios de articulación y formando parte de su Asamblea, como expresión del compromiso del pueblo triqui con las luchas más amplias por la democratización, la justicia social y el fin del autoritarismo en el estado.
La experiencia de la APPO influyó de manera decisiva en la concepción organizativa y política del MULTI, fortaleciendo su apuesta por la participación comunitaria, la horizontalidad, la toma de decisiones colectivas y el rechazo a los liderazgos verticales y a la injerencia de partidos políticos. Estas influencias se articularon con la tradición organizativa propia del pueblo triqui y con referentes de autonomía indígena, como la experiencia del movimiento zapatista en Chiapas.
De esta manera, el MULTI se constituyó no como una escisión coyuntural, sino como un acto consciente de recuperación histórica y ética del proyecto original de lucha del pueblo triqui. Su nacimiento representa la continuidad de una visión orientada a la defensa integral del territorio, la vida y los derechos colectivos; a la construcción de paz desde las comunidades; y al ejercicio pleno de la libre determinación del pueblo triqui, frente a la violencia caciquil, la cooptación institucional y la omisión del Estado.
Este proceso histórico ha dado lugar a un escenario de violencia estructural en la región triqui que hasta hoy no ha sido debidamente diagnosticado ni atendido por el Estado mexicano. La ausencia de un análisis serio, integral y contextualizado ha permitido que la violencia se prolongue y se profundice, derivando en una crisis social de gran magnitud y en una crisis humanitaria persistente, caracterizada por asesinatos, desplazamiento forzado, despojo territorial y ruptura del tejido comunitario.
Contrario a la narrativa simplista y estigmatizante que han reproducido amplios sectores de los medios de comunicación —que reducen la situación a una supuesta “lucha interna” entre comunidades—, la violencia en la región triqui es el resultado de la confrontación entre dos proyectos radicalmente opuestos: por un lado, un proyecto comunitario, autónomo y basado en la libre determinación de los pueblos; y por otro, un proyecto caciquil, armado y funcional a los intereses políticos y económicos del Estado y de los poderes regionales. Negar esta realidad no sólo distorsiona el origen del conflicto, sino que contribuye a su perpetuación y a la normalización de la impunidad.
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